Carta de los lectores.El Prat al día publica íntegramente las cartas de sus lectores sin aplicar ningún tipo de recorte ni de censura. Es por ello que las opiniones expresadas pertenecen en exclusiva a sus autores.
El lector critica que, en su opinión, hay un aumento de la delincuencia violenta y critica al Ayuntamiento porque cree que minimiza el problema mediante estadísticas. Exige al gobierno municipal más empatía con las víctimas, transparencia y soluciones reales frente a la inseguridad en las calles.
Escribo estas líneas como vecino de El Prat y desde una preocupación que creo que compartimos cada vez más personas. Hace unos días conocí de cerca el atraco que sufrió una trabajadora de un comercio de nuestro municipio. Eran aproximadamente las nueve de la mañana cuando dos personas entraron en el establecimiento y una de ellas llevaba un machete. Le quitaron el dinero de la caja, los teléfonos y hasta su anillo de compromiso. Más allá de lo material, imaginemos lo que significa vivir algo así y tener que volver al día siguiente al mismo sitio, abrir la puerta y levantar de nuevo la persiana.
Después de conocer lo ocurrido fui personalmente al comercio. Quería transmitirle mi apoyo y ponerme a su disposición para lo que pudiera necesitar. Hablando con el propietario le pregunté algo que me parecía lógico: si alguien del Ayuntamiento se había interesado por lo ocurrido o se había puesto en contacto con ellos. Su respuesta fue que no. Y sinceramente, me sorprendió. No porque una llamada o una visita vaya a borrar el miedo que se pasa durante un atraco, sino porque en momentos así también es importante que quien ha sufrido algo así sienta que su Ayuntamiento está cerca.
Y es inevitable preguntarse qué está pasando. Porque no hablamos de un hecho aislado en una ciudad donde nunca ocurre nada. Durante los últimos meses hemos leído noticias que preocupan: disparos en Sant Cosme, una escopeta robada encontrada en la zona, una mujer de 75 años víctima de un robo violento en su propia casa, un hombre que murió después de ser apuñalado en una calle de nuestra ciudad, un vendedor de la ONCE víctima de un robo con violencia, otra persona apuñalada después de una pelea en un chiringuito de la playa y, este mismo agosto, dos episodios con disparos en Sant Cosme en menos de tres horas. En uno de ellos la policía encontró más de treinta casquillos en plena calle.
No escribo esto para decir que El Prat sea una ciudad sin ley, porque no lo es, ni para crear miedo. Pero tampoco creo que debamos acostumbrarnos a estas noticias ni que cada vez que los vecinos expresamos preocupación la respuesta sea enseñarnos una estadística y decirnos que los delitos han bajado o que estamos igual que otras ciudades. Los vecinos no vivimos dentro de una estadística. Vivimos en nuestros barrios, caminamos por nuestras calles, nuestros hijos salen con sus amigos, nuestros mayores salen a comprar y nuestros comerciantes levantan la persiana cada mañana. Esa realidad también existe y merece ser escuchada.
Y ante todo esto cuesta entender el mensaje de tranquilidad que desde el gobierno municipal se intenta trasladar una y otra vez. No se trata de crear alarma ni de decir que todo está mal, pero tampoco de minimizar lo que ocurre. Los atracos, los apuñalamientos, los robos violentos o los episodios con disparos que hemos conocido no son opiniones ni una sensación inventada por los vecinos: son hechos que han ocurrido y muchos de ellos han sido publicados en los medios. Por eso, cuando desde el Ayuntamiento se insiste en que todo va bien, es normal que muchos vecinos sintamos que ese discurso está cada vez más alejado de lo que vemos y conocemos en nuestras calles.
Por eso me gustaría ver por parte del gobierno de Alba Bou y de sus socios del PSC menos mensajes destinados a transmitir tranquilidad y más explicaciones sobre su gestión. Porque una estadística puede decir muchas cosas, pero sirve de poco consuelo para la persona que al día siguiente tiene que volver al comercio donde la amenazaron con un machete.
El Prat es nuestra ciudad. Aquí vivimos, trabajan nuestros comerciantes, salen nuestros hijos y hacen su vida nuestros mayores. Precisamente porque queremos nuestra ciudad debemos poder hablar de aquello que nos preocupa sin que se nos acuse de crear alarma. Señalar un problema no significa hablar mal de El Prat. Significa querer que las cosas mejoren.
Yo no quiero acostumbrarme a leer que ha habido otro apuñalamiento, otros disparos u otro atraco. Y mucho menos quiero acostumbrarme a escuchar un “otra vez” cada vez que sucede algo. Tampoco quiero que la respuesta a la preocupación de la gente sea únicamente una cifra, una comparación con otra ciudad o un mensaje tranquilizador.
A Alba Bou y a Juan Pedro no les pediría más mensajes de tranquilidad, sino que asuman la responsabilidad política que les corresponde como gobierno municipal. Gobernar también significa afrontar los problemas cuando aparecen, aunque resulte incómodo reconocerlos.
Porque cuando el discurso institucional dice una cosa y los vecinos ven otra en sus calles, se genera una distancia que no se puede resolver con más propaganda. Se resuelve con gestión, transparencia y resultados.
Si las cosas van bien, todos nos alegraremos. No creo que ningún vecino quiera que a su ciudad le vaya mal para poder decir que tenía razón. Pero cuando ocurren hechos como los que estamos viendo, también hay que reconocerlos, afrontarlos y actuar.
Porque detrás de cada estadística hay personas. Y algunas de esas personas mañana por la mañana tendrán que volver a levantar la persiana del lugar donde un día alguien entró con un machete.
Y creo que, como mínimo, merecen respuestas.
Jordi López